5 octubre, 2017
Estigma y enfermedad mental

Conceptos básicos del estigma

 

El estigma es una dinámica social basada en cuatro principios: el prejuicio (dar por supuesto que algo o alguien es de cierta manera sin conocerlo realmente), el etiquetamiento (reducir una persona o situación a elementos básicos y simplificadores que pretenden explicar una complejidad mayor), la aplicación de estereotipos (suponer que todas las personas que comparten un rasgo son iguales y que quienes tienen ciertas características necesariamente tendrán ciertas otras) y, finalmente, la discriminación (alejarse o evitar la interacción con esas personas).

 

Las personas con trastornos mentales suelen percibir situaciones de discriminación o intuir el proceso completo del estigma. Para referirse a este proceso se habla, por lo tanto, de “estigma público” y de “estigma percibido”. Cuando esta dinámica es vivida en primera persona, se habla de “estigma experimentado“. En ocasiones, estas personas comienzan a esperar este tipo de situaciones, pasan a anticiparlas, lo cual las lleva a limitar sus interacciones por motivos que exceden a las propias dificultades de sus trastornos.

 

Puede ser uno de los obstáculos para decirle a un médico generalista y a otras personas acerca de lo que se está experimentando, buscar ayuda o conservar la ayuda que se comenzó a recibir. En casos más extremos se da el efecto de dejar de intentar interactuar con otros que no tienen problemas similares o dejar de interactuar con cualquier otra persona. Esto lleva el nombre de “estigma anticipado” y su efecto ha sido descripto como “para qué intentar”.

 

Por último, algunas personas terminan internalizando el estigma y creyendo de sí mismos lo que han percibido que la sociedad creía respecto de ellos o de otros como ellos. Esto lleva el nombre de “estigma internalizado” o “auto-estigma”.

 

El estigma afecta lo más importante en cada cultura

 

En los últimos años se desarrolló una teoría que analiza el problema del estigma en diferentes culturas y se ha propuesto que aquello que es afectado por esta dinámica social sería diferente en cada caso. Si en Oriente, por ejemplo, el linaje y el honor son fundamentales, la percepción del estigma se centraría en ver afectada esta posibilidad. En cambio, si otra cultura valora la producción y el ingreso económico, la percepción del estigma podría estar ligado a esto. Y en una tercera cultura, en la cual se valore la amistad y los vínculos entre pares, el estigma podría afectar primordialmente esta función.

 

Estereotipos comunes y estereotipos específicos

 

En términos generales se suele creer que alguien con una enfermedad mental es impredecible, incomprensible, agresivo y/o peligroso, responsable / culpable de su padecimiento y/o inútil / incapaz / perezoso, e irresponsable.

 

En particular, las personas con psicosis son vistas como más agresivas y peligrosas que personas con otros trastornos mentales. Y las personas con depresión son vistas como más culpables de su padecimiento y más perezosos. Estos estereotipos se analizarán luego a la luz de los mitos y verdades.

 

Estrategias básicas para reducir el estigma

 

Se han utilizado fundamentalmente tres estrategias para reducir el estigma en la población general: 1. conocer más sobre las enfermedades mentales; 2. asimilarlas a otras enfermedades que no son estigmatizadas (por ejemplo, como enfermedades del cerebro igual que otras patologías neurológicas); 3. fomentar la interacción con personas con trastornos mentales. Los resultados siempre han sido bastante limitados y transitorios. Al finalizar la campaña tiende a volver a ser como antes.

 

Ahora bien, los profesionales de salud mental saben de las enfermedades, conocen su parecido con otras enfermedades y, obviamente, interactúan con personas con trastornos mentales. Sin embargo, los estudios muestran que los profesionales también estigmatizamos. Algunos estudios muestran que ligeramente menos, otros muestran que no hay grandes diferencias. Hace falta pensar en mejores estrategias y no apelar tanto al conocimiento.

 

Mitos generalizados

 

 

  • Los trastornos mentales son poco frecuentes.
  • Sin embarbo, uno de cada cuatro tendrá problemas mentales diagnosticables. En algunos estudios se habría visto que esta proporción podría ser aún mayor. Uno de cada 10 tendrá un trastorno de depresión mayor. Uno de cada 25 tendrá un trastorno bipolar, esquizofrenia o depresión mayor.
  • Los trastornos mentales son problemas de los otros.
  • Sin embargo, es altamente probable que alguien en la familia tenga problemas y es posible que también nos toque personalmente. Frente a esto se ha propuesto que “es tema de todos” (y no “tema de otros”). La participación ciudadana y de la comunidad sería imprescindible para el cambio de actitudes frente a la enfermedad mental.

 

  • Si alguien tiene un problema mental, yo me doy cuenta.
  • Sin embargo,  muchas personas que tienen algún trastorno mental no son ni evidente ni visiblemente diferentes por más que con frecuencia tendemos a pensar que nos resultaría fácil darnos cuenta y diferenciarlos. Interactuamos cotidianamente con personas con trastornos mentales sin darnos cuenta de su padecimiento. Otras veces que nos resulta evidente que tienen un trastorno mental lo que estamos identificando es un efecto adverso de la medicación que toman.

 

  • Los padres tienen la culpa de los trastornos mentales de sus hijos.
  • Sin embargo, por más que los psicoanalistas y los terapeutas familiares sistémicos le han echado la culpa a la crianza, a la forma de vinculación y demás, nadie tiene la culpa de un trastorno mental.

 

  • Cada persona es culpable o responsable de su trastorno mental.
  • Sin embargo, la culpabilización o responsabilización por el trastorno mental no ayuda. Al contrario, genera mayor sensación de incomprensión y aislamiento. En todo caso puede ser útil colaborar con la responsabilización de las personas en su auto-cuidado y en el uso de los servicios de salud / salud mental.

 

  • Las personas con psicosis son agresivas y peligrosas.
  • Sin embargo, la gran mayoría de las personas con psicosis no son más agresivas o peligrosas que otras personas. Hay personas agresivas y peligrosas con y sin psicosis. Del total de personas con psicosis el porcentaje que tiene actos violentos es muy bajo. Del total de hechos agresivos que se producen en la sociedad, aquellos realizados por personas con psicosis representan un porcentaje muy bajo (entre 3 y 5%). Es cierto que este porcentaje se incrementa ligeramente si además de psicosis posee problemas de consumo de sustancias. Lo que sí es significativamente más elevado (10 veces más) es el porcentaje de personas con psicosis que es víctima de violencia en comparación con la población general.

 

  • Las personas con psicosis son impredecibles.
  • Sin embargo, por lo general, para sus conocidos las personas con psicosis no suelen ser impredecibles y hasta pueden ser más predecibles que otros. Para los desconocidos, en ciertos momentos de la vida de las personas con psicosis, puede que algunas de sus conductas les parezcan extrañas. Tampoco eso es algo permanente. Pero puede ser más frecuente que en el caso de otras personas sin psicosis.

 

  • Las personas con esquizofrenia deben estar internadas.
  • Sin embargo, la mayoría de las personas con esquizofrenia realizan sus tratamientos sin pasar por internaciones. Aquellos que requieren internaciones, por lo general, lo hacen solo por muy breves períodos de tiempo. Las internaciones prolongadas son excepcionales. Las internaciones sirven más para estabilizar a la persona que para ayudarla a recuperarse. Para su recuperación es necesaria la vida en la comunidad. Prevenir un posible episodio de violencia encerrando a todas las personas que tienen el mismo diagnóstico es violatorio de los derechos humanos del conjunto y sanitariamente absurdo. La evaluación profesional permite predecir la peligrosidad de una persona aunque, como la mayoría de las evaluaciones profesionales, no es absolutamente infalible.

 

  • Las personas con trastornos mentales son débiles y deben evitar el estrés.
  • Sin embargo, todos somos vulnerables al estrés, independientemente de tener o no un trastorno mental. Cierta dosis de evitación del estrés es saludable para todos. Algunas personas con trastorno mental, incluso, han desarrollado capacidades de afrontamiento superiores a las de quienes no tiene padecimiento mental.

 

  • Las personas con psicosis no pueden trabajar y, si lo hacen, el trabajo los puede estresar y enfermar.
  • Sin embargo, los problemas de carecer trabajo en una sociedad que valora a quienes trabajan y subestima a quienes no lo hacen, la exclusión laboral suele ser un factor muy importante de malestar y estrés. En una cuidada forma de aparear el trabajo y las personas con psicosis su desempeño puede ser igualmente satisfactorio y traerles más alivio que complicaciones.

 

  • Las personas con psicosis no se pueden recuperar.
  • Sin embargo, las personas con psicosis se suelen recuperar si viven en comunidad y reciben apoyos y atención tan solo cuando los necesitan. Estudios longitudinales de personas con esquizofrenia mostraron que solo un 10% tiene dificultades significativas de manera persistente y un 50% se recupera duradera y significativamente. El resto tiene períodos de recaídas y avances significativos de modo alternante. Menos del 1% requiere internaciones prolongadas o crónicas. La presencia de algunos síntomas psicóticos que puedan persistir por lo general no impide la recuperación funcional.

 

  • Las personas con esquizofrenia tienen que tomar medicación toda la vida.
  • Sin embargo, se vio que la mitad de quienes habían recibido el diagnóstico de esquizofrenia y vivían satisfactoriamente no tomaba medicación. No solo están bien quienes toman medicación. En muchos casos la recuperación se sostiene incluso sin medicación. En otras la medicación es imprescindible para conservar la estabilidad.

 

Autor: Lic. Martín Agrest

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